Los alimentos ultraprocesados dificultan la pérdida de peso: incluso con una dieta “saludable” no logran los mismos resultados
XY NEWS. ¿Por qué los ultraprocesados sabotean tu dieta? Aunque muchas personas creen que seguir una dieta equilibrada basta para perder peso, una nueva investigación realizada en Reino Unido demuestra que no es tan simple. El consumo de alimentos ultraprocesados —incluso si se ajustan a los lineamientos nutricionales oficiales— puede frenar significativamente la pérdida de peso. En contraste, una dieta basada en alimentos mínimamente procesados genera resultados mucho más efectivos a largo plazo.
Este hallazgo, publicado recientemente en la revista Nature, pone de nuevo en el centro del debate el rol de los ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) en la epidemia global de obesidad y enfermedades cardiometabólicas. Según los investigadores, si se mantiene en el tiempo una alimentación con productos naturales o mínimamente procesados, los hombres podrían perder hasta un 13% de su peso corporal al año y las mujeres hasta un 9%. En cambio, quienes siguen una dieta basada en ultraprocesados apenas lograrían una reducción del 4% y 5%, respectivamente.
¿Qué son los alimentos ultraprocesados?
Los ultraprocesados son productos industriales fabricados a partir de ingredientes refinados, aditivos, colorantes, conservadores y saborizantes artificiales. Su objetivo principal no es nutrir, sino ofrecer conveniencia, una larga vida útil y un sabor altamente atractivo.
Algunos ejemplos comunes son:
- Galletas empaquetadas
- Refrescos o bebidas azucaradas
- Barritas de cereal
- Nuggets o hamburguesas precocinadas
- Pasteles y bollería industrial
- Sopas instantáneas
- Lasañas listas para calentar
Un buen indicio para reconocerlos es la etiqueta: si el envase contiene una lista larga de ingredientes, con muchos nombres difíciles de pronunciar, probablemente se trate de un ultraprocesado.
El estudio que evidencia su impacto negativo en la pérdida de peso
El estudio fue llevado a cabo por el Centro de Investigación de la Obesidad en la Universidad Global de Londres, liderado por el investigador Samuel Dicken. Participaron 55 adultos, divididos en dos grupos. Ambos siguieron regímenes alimentarios diseñados con los mismos valores nutricionales: cantidades similares de calorías, proteínas, grasas y carbohidratos, en línea con la guía oficial Eatwell del Reino Unido.
Lo único que cambió fue el tipo de alimentos: un grupo consumió solo productos mínimamente procesados (como avena remojada y espaguetis caseros) y el otro alimentos ultraprocesados (como barritas de avena o lasañas congeladas). Después de cuatro semanas, los grupos intercambiaron los tipos de dieta.
El resultado fue claro: aunque todos los participantes perdieron peso, aquellos que siguieron la dieta basada en alimentos naturales lograron una reducción del 2,06% de su peso corporal. En contraste, quienes consumieron ultraprocesados apenas lograron una pérdida del 1,05%.

La clave está en la saciedad
Una de las conclusiones más importantes del estudio es que el nivel de procesamiento de los alimentos influye directamente en la saciedad. A pesar de tener el mismo contenido calórico, las personas que comían ultraprocesados tendían a consumir más cantidad, simplemente porque no se sentían satisfechas.
“El procesamiento de los alimentos modifica su estructura física, lo que altera la manera en que nuestro cuerpo responde. Cambia el tiempo de digestión, la respuesta hormonal y el apetito”, explicó Dicken en una conferencia de prensa.
Además, los participantes del estudio podían comer libremente la cantidad que quisieran. A pesar de esto, quienes comían alimentos naturales se sentían llenos más rápido y comían menos.
¿Por qué este hallazgo es importante?
Según el catedrático Jordi Salas-Savadó, director de la Unidad de Nutrición Humana en la Universidad Rovira i Virgili, este estudio es relevante porque aporta nueva evidencia en un campo que suele centrarse solo en los nutrientes, dejando de lado el proceso de fabricación de los alimentos.
“No basta con mirar calorías o grasas. Hay que evaluar el grado de procesamiento, la presencia de aditivos y el impacto metabólico de cada producto”, sostiene Salas-Savadó, quien ya prepara un estudio similar en España para 2026.
Además, el estudio sugiere que las etiquetas actuales no reflejan de manera adecuada qué tan saludable es un alimento. Muchos ultraprocesados no llevan sellos rojos o advertencias, pese a tener mala calidad nutricional en términos de azúcares, grasas o sal. Esto podría confundir al consumidor.
Un problema estructural, no individual
Uno de los aspectos más alarmantes del fenómeno de los ultraprocesados es su bajo costo y alta disponibilidad. Son baratos, prácticos y están por todas partes, lo que dificulta que las personas tomen decisiones saludables de forma consistente.
En ese sentido, los expertos advierten que no se puede culpar exclusivamente al individuo por su dieta o su peso. Se necesita un cambio en el entorno alimentario, regulaciones más estrictas y una reformulación de las guías oficiales que tome en cuenta el grado de procesamiento.
“Si seguimos demostrando que los UPF tienen efectos negativos para la salud, habrá que pensar en políticas fiscales, como impuestos especiales, o restricciones publicitarias, similares a lo que se hizo con el tabaco”, señala Salas-Savadó.
Conclusión: lo natural sigue siendo la mejor opción
Los alimentos ultraprocesados llegaron para quedarse, pero la ciencia avanza y cada vez hay más evidencia de que su consumo sostenido no solo dificulta la pérdida de peso, sino que también está vinculado a enfermedades crónicas, metabólicas e incluso mentales.
Aunque seguir una dieta saludable y equilibrada es un gran paso, la clave está también en elegir alimentos frescos, poco procesados, y preparados en casa siempre que sea posible. Reducir al mínimo los productos industriales es, hasta ahora, la mejor estrategia conocida para perder peso y mejorar la salud a largo plazo.